Guía · Podología · Sarrià-Sant Gervasi
Remedios para los pies que no hacen nada
Hay remedios de toda la vida que se repiten de boca en boca para los hongos, los callos o las verrugas. La mayoría no hacen nada, y algunos pueden hacer daño.

Por qué tantos remedios caseros no funcionan
Muchos remedios caseros pasan de una persona a otra porque parecen de sentido común. A veces alivian un rato o calman el picor, y da la sensación de que funcionan. El problema es que no llegan a la causa: el hongo sigue bajo la uña, el callo vuelve porque la presión sigue ahí. Mientras tanto se pierde tiempo y el problema avanza.
Remedios caseros para hongos y verrugas

Vinagre para los hongos de las uñas
Lo que se dice: que remojar la uña en vinagre acaba con el hongo.
El hongo vive debajo de la lámina de la uña, donde el vinagre no llega. Puede irritar la piel de alrededor y, sobre todo, retrasa el diagnóstico. Una uña que cambia conviene que la vea un podólogo.
Lejía o agua oxigenada en las uñas
Lo que se dice: que la lejía o el agua oxigenada desinfectan la uña con hongos.
Son productos agresivos que queman e irritan la piel sana. No llegan donde está el hongo y pueden dejar la zona dañada. No aportan nada y sí pueden complicar las cosas.
Ajo sobre la piel
Lo que se dice: que el ajo machacado sobre la piel ataca hongos y verrugas.
El ajo en contacto directo y prolongado con la piel puede provocar quemaduras químicas y ampollas. Deja la zona irritada o con heridas, y eso abre la puerta a infecciones.
Quitarse uno mismo la verruga plantar
Lo que se dice: que la cinta adhesiva, quemarla o cortarla hacen desaparecer la verruga.
No hay pruebas sólidas de que la cinta sirva. Cortarla o quemarla en casa puede sangrar, infectarse o extenderla a otras zonas. Además, una verruga se confunde con facilidad con un callo, así que conviene que un profesional confirme qué es.
Lo vemos en consulta de hongos en los pies y de hongos en las uñas. Para las verrugas plantares, mira la cirugía con láser de verrugas y helomas.
Remedios para callos, uñas y talones
Cortarse los callos con cuchilla o tijera
Lo que se dice: que con una cuchilla o unas tijeras uno mismo se quita la dureza en casa.
Es fácil hacerse una herida y que se infecte. El callo vuelve porque no se trata la causa, que suele ser la presión o la forma de pisar. En personas con diabetes es especialmente peligroso.
Parches y líquidos para callos
Lo que se dice: que los parches o líquidos para callos que se compran por tu cuenta lo resuelven.
Usados sin consejo pueden quemar la piel sana de alrededor. No corrigen el motivo por el que sale el callo, así que suele volver. Nunca deberían usarse si hay diabetes o mala circulación.
Cortar la uña en V o poner algodón
Lo que se dice: que cortar la uña en pico o meter algodón debajo arregla la uña encarnada.
La V no hace que la uña crezca hacia el centro, eso es un mito. El algodón acumula humedad y bacterias. Y cortar la esquina uno mismo suele dejar una espícula que vuelve a clavarse.
Remojar los pies mucho rato
Lo que se dice: que tener los pies un buen rato en agua caliente o con sal ablanda las durezas.
El remojo largo macera la piel y la deja blanda y frágil. La humedad favorece los hongos y, al secarse, la piel queda más reseca. Alivia un momento, pero no trata la dureza.
Limar fuerte los talones agrietados
Lo que se dice: que limar a fondo el talón hasta dejarlo fino acaba con las grietas.
Al quitar tanta piel de golpe, el talón responde engrosándose todavía más. Las grietas profundas pueden sangrar e infectarse. Lo que ayuda es hidratar y tratar la causa.
Talco o desodorante para el sudor y el olor
Lo que se dice: que el talco o el desodorante corporal terminan con el sudor y el olor de pies.
Dan un alivio momentáneo, pero no tratan la causa del exceso de sudor. El talco, con la humedad, se apelmaza entre los dedos y puede molestar. El problema sigue ahí.
Los callos y durezas se tratan en quiropodia (más sobre helomas), y la uña que se clava, en cirugía ungueal cuando hace falta.
Lo que sí ayuda en casa
- Secar bien los pies después de la ducha, sobre todo entre los dedos.
- Usar calcetines transpirables y cambiarlos a diario.
- Cortar las uñas rectas y no demasiado cortas.
- Hidratar los talones, pero no entre los dedos.
- No compartir toallas ni calzado.
- Usar chanclas en duchas y vestuarios públicos.
- Elegir un calzado que no apriete; si hay diabetes, revisar los pies cada día.
Y un detalle que se suele pasar por alto: no cortar las cutículas, que hacen de sello.
Si tienes diabetes o mala circulación
Si tienes diabetes o mala circulación, deja de lado los remedios caseros, las cuchillas y los parches. Una herida pequeña, que en otra persona no sería nada, puede complicarse y tardar en cerrar. Lo recomendable es una revisión periódica con el podólogo y no manipular nada por tu cuenta. Más en pie diabético.
Cuándo consultar con un podólogo
- Una uña que cambia de color o se engrosa.
- Un callo o una verruga que duele o que vuelve una y otra vez.
- Una uña que se clava o una zona que se inflama.
- Grietas en el talón que sangran.
- Picor o mal olor que no mejora en unas semanas pese a los cuidados.
Preguntas que nos hacen
No llega donde vive el hongo, que está debajo de la lámina de la uña. Puede irritar la piel y retrasar el diagnóstico. Si una uña cambia de aspecto, conviene valorarla en consulta.
Mejor no. Cortarlo con cuchilla o tijera puede acabar en herida e infección, y el callo vuelve porque no se trata la causa. En consulta el podólogo lo quita con material estéril y busca por qué aparece.
No suele ayudar. El algodón acumula humedad y bacterias debajo de la uña. Si una uña se clava o se inflama, es mejor que la vea un profesional.
No hay pruebas sólidas de que funcione. Manipular una verruga en casa puede irritarla o extenderla, y a veces lo que parece una verruga es otra cosa. Conviene confirmarlo en consulta.
Más que remedios, cuidados: secar bien entre los dedos, calcetines limpios y transpirables, cortar las uñas rectas e hidratar los talones. Ayudan a prevenir, pero no sustituyen el tratamiento cuando ya hay un problema.
Esto es información general; cada pie es distinto y lo mejor es que lo valore un podólogo.
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