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02 · Podología · Sarrià-Sant Gervasi
Úlceras de pie diabético: qué son, tipos y tratamiento
Una úlcera en el pie diabético es una herida que no cierra sola. Cuanto antes se mira, mejor. Aquí te contamos qué es, qué tipos hay y cómo se trata.

Qué es una úlcera de pie diabético
Una úlcera de pie diabético es una herida abierta en el pie de una persona con diabetes que no cierra como debería. Pasa porque la diabetes daña los nervios y se pierde sensibilidad, dificulta el riego de sangre, o las dos cosas a la vez. Por eso una herida pequeña puede quedarse abierta en lugar de cerrar.
Al trabajar sobre una herida, el instrumental tiene que llegar estéril: te contamos el proceso de limpieza, ultrasonidos, empaquetado y autoclave.
Y si la persona pasa el día en la cama, hay otra úlcera que vigilar: te contamos cómo prevenir la úlcera por presión en el talón.
Suele aparecer en la planta, bajo la cabeza de los metatarsianos, en el talón, en los dedos o donde roza el zapato. Muchas veces empieza por algo que no se notó: una dureza, una rozadura, un corte al arreglar la uña o una ampolla. Como el pie ha perdido sensibilidad, no avisa con dolor, y la herida avanza sin que la persona lo sepa.
Si todavía no hay herida, lo que toca es la revisión del pie diabético: es la forma de adelantarse a una úlcera.
Por qué aparecen
Una úlcera casi nunca aparece por una sola causa: lo habitual es que se junten varias.
Pérdida de sensibilidad
La diabetes puede dañar los nervios del pie y hacer que deje de notar el roce, el calor o una herida. El pie no avisa con dolor, así que una lesión pequeña pasa desapercibida.
Mala circulación
Cuando llega menos sangre al pie, la piel se nutre peor y cualquier herida tarda más en cerrar. Un riego pobre también hace que la zona esté más fría y pálida.
Presión y roce
Pisar siempre con fuerza en el mismo punto o llevar un zapato que aprieta termina marcando la piel. Ese roce repetido es uno de los puntos de partida más habituales de una úlcera.
Durezas y uñas
Una dureza o un callo concentran presión y, debajo, la piel se puede romper sin que se vea. Arreglar mal una uña o arrancar un padrastro también abre la puerta a una herida.
Deformidades del pie
Los juanetes, los dedos en garra o un pie que ha cambiado de forma crean zonas que rozan con el zapato o cargan de más. Ahí es donde el pie se lesiona con más facilidad.
Glucosa y tabaco
Con la glucosa alta mantenida, las heridas cierran peor y las defensas trabajan con más dificultad. El tabaco estrecha los vasos y empeora el riego, así que suma riesgo.
Tipos de úlceras de pie diabético
No todas las úlceras son iguales ni se cuidan igual. Saber de qué tipo es ayuda a entender por qué ha salido y cómo tratarla.
Úlcera neuropática
Aparece por la pérdida de sensibilidad. El pie suele estar caliente y con pulso, no duele, y la herida sale en zonas de apoyo rodeada de una dureza. Es el típico mal perforante plantar, en la planta, bajo los dedos.
Úlcera isquémica o vascular
Aquí el problema es el riego. El pie está frío y pálido, los pulsos se notan débiles y la herida sí duele, con bordes secos. Suele salir en los dedos, el talón o los bordes del pie.
Úlcera neuroisquémica o mixta
Combina las dos anteriores: hay poca sensibilidad y, además, poco riego. Es frecuente en personas con diabetes de años y pide un seguimiento especialmente atento.
Úlcera infectada
Cualquiera de las anteriores puede infectarse. Si alrededor de la herida hay enrojecimiento que se extiende, calor, hinchazón, supuración, mal olor o aparece fiebre, es una urgencia. No esperes al día siguiente.
La gravedad de una úlcera se valora por lo profunda que es, si hay infección y cómo está el riego. Para ordenar eso se usan escalas sencillas, como la de Wagner, que va desde un grado 0, un pie de riesgo todavía sin herida, hasta grados con heridas más profundas o tejido que se ha perdido. No hace falta aprenderse los números: lo que importa es que el pie se valore y se clasifique para saber cómo actuar.
Señales de alarma
Hay señales que no esperan: si notas alguna de estas, consulta ese mismo día.
- Una herida nueva en el pie, por pequeña que parezca, que no empieza a cerrar.
- Enrojecimiento que se extiende alrededor de la herida, con calor o hinchazón.
- Supuración, pus o mal olor en la zona.
- Un cambio de color en los dedos o el pie, que se vuelve oscuro o muy pálido.
- Dolor nuevo e intenso, o justo lo contrario, una zona que ha perdido toda sensación.
- Fiebre o malestar general junto con una herida en el pie.
Cómo se valora en consulta
En la consulta miramos la herida y el pie entero, no solo el punto que molesta. La idea es saber por qué ha salido y qué necesita para cerrar.
La herida
Medimos la úlcera: tamaño, profundidad y cómo están el fondo y los bordes. Todo se anota para comparar en cada visita y ver si va mejorando.
Sensibilidad y pulsos
Comprobamos la sensibilidad con un monofilamento y palpamos los pulsos del pie. Así sabemos cuánto influyen la neuropatía y el riego en esa herida.
Infección y cultivo
Buscamos signos de infección en la herida y a su alrededor. Si hace falta, tomamos una muestra para cultivo, que se analiza para orientar el tratamiento.
Calzado y pisada
Revisamos el zapato y cómo apoyas, con el estudio de la pisada en plataforma de presiones cuando conviene. Vemos qué zonas cargan de más y están provocando la herida.
Tratamiento de las úlceras de pie diabético en Barcelona
No hay un único tratamiento: depende del tipo de úlcera y de cómo esté el pie. Se trabaja en equipo, el podólogo coordinado con tu médico y, si hace falta, con otros especialistas.
Descarga de la zona
Quitar la presión del punto de la herida es la base de todo. Se consigue con fieltros, ortesis de silicona, plantillas o un calzado adecuado, para que la zona no siga cargando mientras cierra.
Limpieza y desbridamiento
Limpiamos la herida y retiramos el tejido muerto y la dureza que la rodea, lo que se llama desbridamiento. Lo hace el profesional, con instrumental estéril, para que el fondo quede en condiciones de cerrar.
Curas y apósitos
Cada fase de la herida pide un tipo de cura y de apósito distinto. Por eso los controles son frecuentes: se mira cómo va y se ajusta lo que haga falta.
Control de la infección
Si hay infección, el cultivo ayuda a saber qué la causa. El tratamiento con la medicación lo pauta tu médico, y desde la consulta vigilamos la herida de cerca.
Glucosa y médico
Una úlcera cierra mejor con la glucosa controlada. Ese control lo lleva tu médico de cabecera o tu endocrino, y nos coordinamos con ellos durante todo el proceso.
Circulación
Si vemos que llega poco riego al pie, lo valoramos y te derivamos al cirujano vascular. Recuperar el riego es básico para que una úlcera isquémica pueda cerrar.
Evitar que vuelva
Una vez cerrada la herida, el trabajo es que no vuelva a salir. Plantillas, calzado adecuado, quiropodia periódica y revisiones mantienen a raya los puntos de riesgo.
Cuidados en casa
- Mírate los pies cada día, con un espejo o pidiendo ayuda si no llegas o no ves bien.
- Lávalos con agua templada y sécalos bien, sobre todo entre los dedos.
- Hidrata la piel a diario, pero no pongas crema entre los dedos.
- No cortes durezas ni cutículas en casa, y olvídate de los callicidas.
- No vayas descalzo, ni en casa ni en la playa o la piscina.
- Mira y palpa el interior del zapato antes de ponértelo, por si hay una piedra o una costura.
- Usa calcetines sin costuras y ten cuidado con el calor directo: ojo con bolsas de agua y braseros.
- No fumes y acude a tus revisiones con el podólogo, aunque no notes nada raro.
Preguntas que nos hacen
Depende de cada pie: del tipo de úlcera, de cómo esté el riego, del control de la glucosa y de que se quite bien la presión de la zona. Unas cierran antes y otras necesitan bastante más tiempo. Por eso lo importante es el seguimiento, no ponerle una fecha.
No es buena idea tratarla por tu cuenta. Una úlcera necesita que se retire el tejido muerto, que se controle la presión y que un profesional elija la cura en cada fase. Aplicar cualquier producto sin valorar la herida puede retrasar el cierre o tapar una infección.
Muchas veces es porque el pie ha perdido sensibilidad por la neuropatía. Que no duela no significa que sea leve: a menudo las úlceras más delicadas son las que no avisan. Por eso con diabetes el pie se revisa antes de que moleste.
Andar y cargar sobre la herida es justo lo que impide que cierre. No significa quedarse quieto: significa descargar esa zona con lo que te indiquemos, para moverte sin apoyar sobre la úlcera. Esa descarga es parte del tratamiento, no un extra.
Sí, una zona que ya ha tenido una úlcera queda como punto de riesgo. Por eso, una vez cerrada, se trabaja la prevención: plantillas, calzado adecuado, quiropodia periódica y revisiones para adelantarse a que vuelva.
Más a menudo que quien nunca ha tenido una úlcera. La frecuencia la marca cada pie, según cómo estén la sensibilidad, el riego y las zonas de apoyo. Lo acordamos contigo en la consulta y lo vamos ajustando según evoluciona.
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